Y llego la tan esperada noche; el parte hacia su cita, tan deseada y antes de llegar al restaurante compra tres camelias blancas y una rosa rojo sangre para su dama
Entra y pide su mesa reservada, en un rincón alejado del ir y venir de la gente
y espera, faltan diez minutos todavía, pide un Martini para esperarla, esta algo tenso
piensa que tal vez ella se arrepienta y no llegue...
Estaba ensimismado en sus pensamientos, cuando un movimiento cerca suyo le hace levantar la vista; y ahí esta ella, magnifica con un vestido negro pegado a su silueta, donde lo que no se ve se imagina, se levanta a saludarla y queda envuelto en su aroma
charlan, beben , dan vueltas a la comida que casi no tocan, piden el postre luego café y ya en ese momento sus manos no se separan, son una sola sobre el mantel rosa pálido, y siguen conversando, hasta que él no puede mas y le pregunta¿-nos vamos-? Si, contesta ella con tanta premura como él
En el auto, ella se hace un ovillo sobre su hombro, él no deja de mirar su escote y rozar su rodilla
Cuando llegan a su casa, toman otro trago y la pasión ya no espera, besos y caricias cada vez mas íntimas hasta que cae la ultima prenda
Y se amaron arrolladoramente, al principio con delicados movimientos sus cuerpos fueron fundiéndose uno en el otro
Después la pasión fue desenfrenada, la luna en la ventana se sonrojo al verlos y las estrellas guiñaron sus luces
Se quedaron dormidos piel a piel, agotados de tanto ardor, hasta que salió el sol
Y descubrió sobre la mesa las cuatro flores ya algo tristes.
Ella se despertó primero, se vistió con una delicada bata de raso; puso en agua las pobres flores y preparo café
Fue a despertarlo, despacito y le dijo-amor hay que levantarse- no te olvides que esta noche vienen los chicos a cenar con los bebes y la casa tiene que estar en orden, dale corazón, levantate que hay que hacer las compras
El se levantó y antes del café estampó dos sonoros besos en el rostro de su esposa
PAULA DUNCAN
15/04/10 |