y por fin vino la lluvia,
y me largue a caminar,
esperando despacito que
me empezara a mojar,
primero fue de a poquito
unas gotas nada más;
como caricia de un niño
que aun no sabe amar,
después fue creciendo
un poco la intensidad
como un adolescente tibio
que no sabe continuar,
pero llego el momento
que tuvo un ansia feroz
como pasión desatada
así como nuestro amor
y me fue envolviendo toda
cada gota una caricia y
nos crecieron cien manos
juntos, de pura avaricia y te
deslizaste en mi espalda
y enredaste mi cabello
y las gotas o tus manos
ya ni eso discierno, pero
mi cara quedo, mojada
mirando el cielo en donde
busque tus ojos, y ahí
estaban, negro fuego
pero llovía tan fuerte, que
sin querer caí al suelo y así
entre el fango, y la lluvia, y
la noche, vos… y yo también
padeciendo a este amor
implacable, que no lo apaga,
ni el más cruel aguacero
pero la lluvia cesó, despacio
como al principio y me volví
andando; sin encontrar el
camino, que me llevara a tu lado
aunque con vos estuve, ó ¿será
que sigo soñando…?
PAULA DUNCAN
04/11/10 |