hoy salí a caminar; recorrí varias cuadras admirando la primavera que por fin llegó, y mis pasos me llevaron a los viejos lugares conocidos, esos que en mi adolescencia (lejana) me llevaban a un universo perfecto, el río; los viejos rieles abandonados en ese entonces, con las estaciones antiguas que por suerte y vaya a saber porque misteriosa decisión de que empresario han mantenido su estructura, tanto que algunas, si no fuera por el moderno tren verde de solo tres vagones parecen detenidas en el tiempo
Camine hasta un café que tenia mesitas en un pequeño parque al lado de mi querido "río marrón" y me senté en la mesa que estaba pegada a un seto de enredaderas, eran madreselvas olorosas y dulces, golosina gratuita de mi infancia; pedí un cortado y abrí el libro que tenia en mis manos, mi adorado Pablo, y releí algunos de sus poemas. cuando me trajeron el café ya había encontrado el que buscaba: "LA PREGUNTA"
no había terminado el primer verso cuando un movimiento casi imperceptible detrás de mí me hace prestar atención y darme vuelta, al principio no vi nada, endulce mi café servido en un jarrito que parecia salido de un cuento, cuando lo ví: era pequeño, pero podía tener siete años o cincuenta, llevaba puesto un buzo verde desteñido con la capucha puesta y pantalones del mismo color, lo que lo hacían confundir con el follaje, zapatillas gastadas en las que los dedos parecían querer salir a tomar aire en cualquier momento, y estaba chupando la gotita dulce del néctar de algunas madreselvas, cuando se dio cuenta que lo estaba mirando me sonrío y vi unos ojos esplendidos color verde esmeralda y un mechón rubio oscuro que se escapaba de su capucha
-Hola- lo saludé;
-Hola- me contestó;
-¿que estas haciendo? -
-nada- solo miro;
-¿a quien o a que? -
-a la gente- camina y camina y a veces no me ven, están muy serios, enfrascados en sus cosas y se pierden lo hermoso del lugar, no escuchan a los pajaritos, ni ven los veleros en el río , creo que ni sienten el perfume de las flores y aquí esta lleno de ellas, hizo un rápido movimiento y desapareció
Seguí con mi lectura y en eso paso una bandada de cotorritas azules, verdes, turquesa haciendo mucho ruido, ellas también están contentas por la tibieza del clima
-¿viste que lindas?- siempre andan por aquí cerca del río, era él otra vez ahora delante mío, le convide una masita y parado con el río detrás parecía recién salido de él pero seco
-Si- le contesté son muy hermosas, pasan por mi casa haciendo barullo, y como vivo en una planta alta y no tengo casas a la misma altura puedo verlas bien, a veces se paran en los postes de luz a descansar;
él me sonrío con la masita a medio comer todavía en su boca, me dijo:
también hay zorzales, y calandrias, y golondrinas, hasta marzo que se van para California
Lo miré asombrada, ¿Cómo sabe tanto este niño tan pequeño?, baje la vista para tomar el ultimo sorbo de café y cuando volví a levantarla ya no estaba; lo busque sin resultado, y seguí leyendo
cuando me disponía a irme, sentí un tintineo como de cascabeles y ahí estaba otra vez
¿Dónde vivís? le pregunte tontamente, y me contesto muy sabio, aquí y allá donde haya dulces para comer, y me disparo una pregunta a quemarropa; ¿vos crees en los duendes?
¡¡claro que si!! le conteste, siempre siento su compañía, aunque debo serte franca, nunca vi a uno
y el me contesto: ¿estas segura?
Y ya no volví a verlo, pero deje por las dudas algunas masitas entre las ramas de la madreselva
PAULA DUNCAN
17/11/10 |