Ellos se amaban, con ardor con pasión, con dulzura, podría decirse que habían nacido uno para el otro, si se los veía separados se los notaba incompletos, en su cara, en su cuerpo, hasta en la forma de caminar, solo estaban completos si estaban los dos.
Eran bien diferentes, el alto y fornido como un vikingo, y también tenia el cabello casi rojo como uno de ellos, los ojos color aguamarina y unas enormes manos que parecían mas preparadas para el trabajo duro que para una caricia.
Ella era toda dulzura, leve y etérea como una mariposa, ojos y cabellos negros como la noche y su piel aceitunada.
Después de un tiempo decidieron compartir la cabaña que él tenia en un claro del bosque, era un lugar espléndido, algo alejado, pero hermoso para vivir su amor
Una vez por semana venían al pueblo por comestibles y a vender la producción de su pequeña granja
un día él volvió del campo y la escucho hablar con alguien a quien no veía, y al acercársele , ella lo notó, y dejo de hablar y como si nada hubiera pasado lo saludo afectuosamente, los día fueron pasando, ya estaba terminando el verano, y el noto que su compañera estaba más distraída que de costumbre y siempre hacia tortas y dulces que nunca llegaban a comer y desaparecían, ella parecía no darse cuenta, pero estaba feliz se la oía canturrear desde lejos, mientras atendía los quehaceres de la casa.
Una lluvia torrencial de otoño lo obligo a regresar antes y encontró a su compañera sentada en la entrada de la casa, llorando a mares, cuando logro calmarla le pregunto que le sucedía, ella primero no quería decir nada, luego le hizo jurar que no se reiría y al final, con muchas dudas le contó:
Le dijo que hacia unos meses que descubrió entre sus flores unos extraños y diminutos seres, vestidos con alegres colores, escarpines y gorro en punta con cascabeles que tenían el sonido mas bello jamás escuchado, que no sonaban cuando se movían sino cuando querían comunicarse algo; al principio los miró desconfiada, después noto que se comían sus tortas y también que sus flores estaban cada vez mas lindas, entonces opto por hacerse amiga y ellos le contaban historias de sus aventuras y sus días se fueron haciendo mas agradables y ya no se sentía tan sola, comenzó a hacerles dulces y a cantar con ellos, y el tiempo pasando.
Pero cuando termino el verano y comenzaron las lluvias de otoño, la llamaron y le dijeron que con la primera nevada se irían, hasta la próxima primavera y ya quedaba poco tiempo
El en realidad no creía mucho, pero ella era feliz y no sabia como consolarla, le prometió un viaje, y que pasaría menos tiempo fuera de casa pero ella seguía triste
vino la nieve y los compañeritos desaparecieron, ella estaba cada vez mas triste y desganada, el tenia miedo que su salud se quebrantara, trataba de mimarla cuanto podía pero la tristeza de ella la hacia languidecer, hasta que ya no pudo dejar la cama, entonces decidió buscar al médico del pueblo, y hacia allí marchó y volvió con él, después de revisarla atentamente y hacerle la preguntas de rigor, el doctor le pidió que saliera un momento, al cabo de unos minutos salio, cerrando la puerta de la alcoba y se sentó a contarle lo que sucedía, el viejo doctor le dijo que ella estaba algo débil, nada importante y le dio la noticia que a fines del próximo verano iban a ser padres, y en cuanto a lo demás que no se preocupara, que mucha gente del lugar creía en los pequeñines y que la tristeza se le pasaría, como el invierno, solo tenía que quererla mucho, que ese era su mejor medicina, y sedespidió
El la atendía solícito, le servia la mas rica comida para tentar su apetito y la sentaba frente a la ventana para que pudiera ver la nieve en los árboles como ella le pedía y en esos día apareció un hermoso caballo blanco al parecer sin dueño; venia todas las mañanas aceptaba algo de comida, unas caricias, y se marchaba al galope, ella comenzó a levantarse para tocar el caballo al que le había tomado afecto y una mañana cuando el invierno estaba ya dejando de ser tan duro; ella acaricio el lomo del caballo, y encontró atados a las crines un par de cascabeles y unos escarpines, dio un respingo de alegría, ¡¡ellos volverían!! es mas nunca se habían ido del todo.
Termino el frío y con los primeros brotes aparecieron también ellos, que se alegraron con la noticia que por supuesto ya sabían
y pasaron una primavera feliz, los dos, con los amigos pequeñitos, el caballo que nunca mas se fue, esperando a la niña, porque fue niña, y nació al final del verano, por lo cual, ella estaba muy ocupada con la niña como para estar triste, al llegar el invierno consiguió que se quedaran algunos a hacerle compañía y fue una época feliz, todos juntos el, ella, la bebe que tenía cabello negro como la madre y ojos aguamarina como el padre, los duendes comilones de dulces, y hasta el caballo que en un principio estaba perdido pero ya encontró un hogar
PAULA DUNCAN
9/12/10 |