La tormenta golpea furiosa; ya desde la tarde me entretuve mirando las nubes, corrían veloces vaya uno a saber adonde; y se arremolinaban y cambiaban de formas a merced del viento, estuve largo rato mirando como se armaba la tempestad, las nubes pasaron de ser grises y algodonosas a negros nubarrones cargados de electricidad, me gustan las tormentas y la lluvia, el jardín esta reseco, no alcanza con mis riegos tantas veces olvidados y pienso en los canteros repletos de nuevas plantitas; ojala la lluvia no las dañe demasiado; esta noche semejante fuerza desatada me da algo de temor, el aullido del viento es sobrecogedor.
Recorro ventanas y puertas asegurándome que todo este cerrado, como si eso fuera suficiente para dejar afuera a los demonios; los míos y los que andan por el patio haciendo gran algarabía arrastrando ramas cortadas de cuajo y cuanto cachivache quedo sin guardar; cada vez estoy mas inquieta, las luces de los relámpagos se cuelan por los resquicios de las persianas
Me preparo un té, me siento en el sofá cubriéndome con una manta, y me dispongo a leer un rato hasta que el sueño me venza.
Leo una página; dos, pero hay mucho ruido que no me deja concentrar, mis demonios caminan por la casa haciendo ruido, siento la cabeza esta a punto de estallar. De pronto se corta la energía eléctrica y quedo a oscuras, en un silencio sepulcral, escucho ruidos en la puerta de entrada, pero estoy petrificada, quisiera correr y estoy clavada en el sillón un sudor frío empapa mi cuerpo que no deja de temblar… la puerta se abre y aparece…
PAULA DUNCAN
01/07/11 |