Bueno, no se quien aparece porque; ¡me desperté!, En una mañana clara y luminosa, donde la verde sabana del parque brilla todavía con algunas gotitas de lluvia, la primavera ha hecho florecer a las pequeñas plantas y los canteros rebosan colores; las mariposas amarillas parecen rayos de sol matinal, dorado y resplandeciente, también las hay lilas y naranjas con muchas filigranas de colores en sus alas
El aroma del café recién hecho, me llama a dejar la ventana e ir a la cocina a desayunar; no hace frío y la lluvia de la noche anterior carga el aire de humedad.
Con una taza de café en la mano salgo al jardín a disfrutar del aire limpio de la mañana, como cuando niña me entregaba plenamente al goce de sentir la brisa ligera y ahí me quedo largo rato, mordisqueando una tostada y bebiendo café; mis demonios creo, se fueron a descansar después de una agitada noche y me han dejado en paz, los de afuera se marcharon con la tormenta; el sol es el mejor antídoto para ellos; y el día se sigue despertando... hasta que mi celular me llama; al atender una voz masculina del otro lado me dice,- tengo miedo, a las diez debo presentarme en un nuevo trabajo para el que me esforcé mucho y ahora estoy paralizado ¡ayudame! ¿Podes?, -si claro, a un amigo como vos no puedo lo puedo dejar solo, me has ayudado en otras oportunidades- pasa por casa, todavía es temprano, le conteste.
Yo se de sus miedos infantiles, de niño abandonado y cuanto le costo terminar la universidad, es que estudiando y trabajando en lugares mediocres para solventar sus estudios, todo se le hizo más largo; trataré de ayudarlo, solo calmando un poco su ansiedad de ser aceptado, y reforzar su confianza en si mismo, es una buena persona y se merece un buen futuro, a el sus propios demonios no lo están dejando pensar con claridad, veré de mandarlos a dormir junto con los míos y ojala nos den un rato de tranquilidad; es un buen amigo y a la amistad hay que cuidarla y cultivarla, como las florcitas de mi jardín.
Preparo mas café y mas tostadas; toc toc llaman a la puerta la abro y allí esta el impecablemente vestido y con una temerosa sonrisa mas de niño que de adulto y le doy un fuerte abrazo interminable de esos que los amigos necesitamos en ciertas ocasiones y que nos hace contagiar con la energía del otro.
Entramos y ya se notaba mas aplomado, tomamos café y charlamos de cualquier cosa, a veces no son importantes las palabras, sino saber que se puede contar con un amigo; eso es lo que nos da paz, cuando se fue parecía un triunfador y note que mis demonios habían desaparecido
PAULA DUNCAN
01/07/11
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