Hace días recuperé, unas cajas con elementos que eran de mi padre; están en el altillo, un pequeño cuarto semivacío donde me refugio a escribir o a espiar el movimiento del barrio cuando mi imaginación se da un respiro y mirar por la ventana sin que nadie se percate de ello se vuelve interesante
Al regresar a casa tome la decisión, deje el bolso las llaves, tire el abrigo en el primer escalón y subí. Abrí la puerta y ahí estaban, no son tan grandes; es mas, una de ellas es bastante pequeña, la abro y encuentro papeles; no se sin son importantes, no creo mi padre jamás tuvo nada de valor material, pero ver su letra me emociono, es una letra con personalidad, firme de hermosos rasgos hasta podría decirse elegante, una escritura aprendida con lapicera de pluma y tintero; el solo fue a la escuela hasta segundo grado, era un verdadero autodidacta
Cuando voy a abrir la caja mas grande descubro alrededor un caminito de papeles hacia la ventana; abrí los ojos enormes y pensé ¡una rata!, parece que tengo una inquilina que se esta comiendo mi tesoro
Revisé todo el cuarto, y al no encontrar nada me dije - es solo una y sube por las glicinas-, cerré muy bien la ventana y deje mi investigación para otro momento
Baje pensando en el pequeño animalito y como conseguir que no vuelva a entrar; nunca podría matarla pero no puedo dejar que destruyera algo tan valioso
Me dispuse a calentarme con un café, puesto que la tarde estaba muy fría y ahí entre sorbo y sorbo, recuerdo a mi padre ya imposibilitado, sentado en su silla de ruedas y mientras mis hijos jugaban en el patio, el nos leía las noticias importantes del diario para compartir su lectura
De pronto escucho ruidos en el altillo sonrío y me digo "el viejo me esta llamando", al subir me doy cuenta que la puerta había quedado mal cerrada y mis gatos habían entrado en territorio prohibido; cosa que estaban disfrutando bastante; antes de que pudiera abrir la boca para retarlos algo llamo mi atención, Julieta (por la de Romeo) la mas gorda de mis gatas estaba muy quietecita mirando la pared, la toco y al girarse traga el ultimo bocado, una pequeña colita que asomaba todavía de su hocico, los eché sin demasiada convicción, la sabia naturaleza me había resuelto el problema
Me senté en el suelo y abrí la caja que faltaba y aparecieron algo deteriorados por los mordisquitos, recueros de mi infancia y adolescencia; ahí estaba "sobre héroes y tumbas"; volví a mis catorce años y sentí la extrañeza que me produjo el "informe sobre ciegos" al que entendí unos años después; también había un desvencijado libro de Somerset Maugham donde leí "servidumbre humana" "liza de Lambeth" " soberbia", y lo mas interesante; varios ejemplares de la revista LEOPLAN; ahí volé derecho hasta el ropero de mis padres entre abrigos y naftalina con no mas de diez flacuchos y enfermizos años, leyendo con gran placer "lo prohibido" y fue sin saberlo mi primer acercamiento a la literatura universal de grandes autores ahí conocí a Chejov; Alejandro Dumas; Conan Doyle; Tolstoi, que leí no me acuerdo pero seguro en algún lugar de mi memoria esta
En esa revista conocí a Mafalda, descubrí una obra teatral leyendo las andanzas del pícaro Fanfan la tulipe y tuve un acercamiento con Rodolfo Walsh
Tanto tanto había en esa caja y estuve a punto de perderlo en el pequeño hociquito de una rata; igual me siguen pareciendo simpáticas y jamás podría matarlas por eso tengo cuatro gatos
PAULA DUNCAN
03/08/11
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