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Antes de entrar a su casa, se pasó la mano por el pelo; sentía que el desorden interior podía verse a simple vista; entró, saludó y nadie le preguntó nada, había salido temprano a la tarde con alguna mentira mal inventada y ya casi era hora de comer, pero a ningún integrante de su familia le extraño
Antes de disponer la mesa para la comida, fue al baño a mirarse en el espejo, -seguro algo cambió y se me nota-, pensó; pero no su carita fresca y su expresión era la de siempre; ¿Cómo puede ser?
Salió y ayudó a su madre en los quehaceres; ella estaba acostumbrada a que no la tengan en cuenta; sus hermanos varones, uno por ser el mas pequeño y otro por ser el mas grande siempre acaparaban la atención, ella era algo así como un invisible punto medio que veía todo, tenía una mirada realmente interesante, pero no les importaba demasiado; a su padre solo le interesaba que fuera al colegio para que trajera el certificado de alumno regular y así poder cobrar el salario familiar; no la dejaron elegir el secundario "ser maestra es para morirse de hambre", sentencio su padre, e ir al comercial de la tarde era de chicas fáciles (no sabia muy bien que quería decir) termino yendo a uno de mujeres y solo por un año
Después de comer levantó los platos y los lavó, su madre estaba convaleciente de una grave operación, en la que le extirparon un tumor y estuvo tan mal, a punto de morir que ella tuvo que hacerse cargo de la casa, de su hermano pequeño, la comida, las compras y solo tenía trece años
Su vida comenzó a cambiar; seguía jugando, pero su mundo ya no era el mismo, cuido muchas veces a su madre, cuando estaba internada, pero nunca le decían nada, las enfermeras al menor contratiempo la mandaban al pasillo, vio llorar a su padre, contándole a ella que su madre podría morir, como pidiendo ayuda y lo ayudo, en lo que pudo, pero lo ayudo; en cambio el ni notó el dolor y la soledad de su hija, podía pasarse el día entero en la calle que no le interesaba mucho, solo que cumpliera con las tareas y ella sabiéndose invisible jugaba un rato a ser niña y otro a ser mujer, y ese juego sin la supervisión de un adulto podía volverse peligroso
Era otoño, las hojas cubrían toda la vieja estación, era su lugar en el mundo, con sus amigos recorrían la vía abandonada, esa que ahora tiene al moderno tren verde; ya se notaba que su vida estaba cambiando
Al volver a su casa siempre cruza las otras vías por el pasaje subterráneo, no le da miedo es un lugar conocido; cruzo por allí desde los siete ahora ya tiene trece y además a esa hora siempre estaba ese muchacho que no recuerda su nombre, pero que siempre se mostró amable con ella; cualquiera hubiera dicho que demasiado, pero ella confiaba
Esa tarde el estaba apoyado en la pared a mitad del pasaje solitario, ella entro y esa tarde estaba desangelada, los duendes que siempre cuidaban de ella, estaban distraídos y cuando salio; su vida había cambiado para siempre, le habían arrebatado el candor de su infancia.
¡Pobre niña! quizás te podría haber advertido, "ese lugar no es bueno" ten cuidado, vuela a tu casa paloma solitaria, pero era tan grande tu orfandad que seguro no me hubieras escuchado
Volvió a su casa, antes de entrar se paso la mano por el pelo, entro y se miró al espejo, nada había cambiado o todo
PAULA DUNCAN
08/08/11
PD: este trabajo fue destacado en "Clepsidra Internacional" sitio oficial de la escritora Chilena Azucena Caballero
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