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Era una tarde cualquiera, de una semana como tantas, y del mes...creo que marzo, o abril, seguro era otoño; Lucía se dispuso a salir, visitaría a una amiga que desde hace un tiempo no veía, por ninguna razón especial; cosas de la vida. Tomó el colectivo, luego el tren y llego al departamento (suerte que vive en el tercer piso), últimamente Lucía esta mas fóbica que nunca, charlaron y tomaron mate con facturas La tarde se presentaba algo nublada; decía la radio que iba a llover; a las seis y viendo que el cielo comienza a encapotarse se despide de su amiga. Debe caminar tres cuadras hasta la estación las dos primeras bien, con algo de viento; en la tercera se hizo literalmente de noche, Lucía comenzó a correr, no quería mojarse, llego al anden y todavía debía correr otros cincuenta metros para llegar al sitio techado, sacó boleto y esperó, recuperando el aire perdido en el apuro; el viento huracanado se llevaba todo y comenzó a llover torrencialmente Llegó el tren, ya presentía que algo no andaba bien; al entrar en la estación se le apagaron las luces, pero arrancó y anduvo despacio dos estaciones, y ahí quedo,una voz del mas allá les comunicó que había problemas con la energía eléctrica, ¿y ahora? Pensó ¿Qué hago? No sabía de ningún colectivo y el viento , la lluvia , los relámpagos los truenos rayos, hacian pensar que en cualquier momento estallaba el mundo, entonces hizo lo que la mayoría, quedarse dentro del tren, abarrotado de gente en hora pico, cerro los ojos y busco en su mente un rincón tranquilo, seguro, que le diera paz, apoyó la espalda en la pared del tren y trato de deslizarse suavemente hacia el piso, seguramente no de manera muy femenina , pero peor era estar afuera; y se dijo ¿ que estarán pensando mis compañeros de viaje? Que le pasa a esta chiflada que se sentó en el suelo entre bicicletas y estudiantes hablando todos juntos y se sonrió, estuvo a punto de soltar una carcajada, pero recordó donde estaba y abrió los ojos, miro disimuladamente a su alrededor, nadie la tomaba en cuenta y se sintió mejor, hasta que se encontró con un hermoso par de ojos negros, que venían acompañados de una sonrisa que le hizo pensar que él hacia un rato que la observaba, se puso colorada de vergüenza, y si aun solía ponerse colorada cuando la descubrían, casi siempre de regreso de algún viaje de ojos cerrados El cruzo el pasillo entre bicicletas mochilas y bolsos y se sentó en el suelo a su lado -¿puedo?- Dijo pero ya lo había hecho, y la situación comenzó a divertirla, hacía años que un hombre no se le acercaba en público, así directamente, -hola- la saludo -hola- contesto ella educadamente, - Discúlpame pero no pude dejar de mirarte; antes de que te sentaras parecías a punto de caer- -si- -contesto ella, soy un tanto fóbica no me gustan los lugares cerrados, encima la tormenta, la luz que viene y va y el tren que no se si arranca, hicieron en mi un lindo cóctel; pero algunos años de terapia me ayudaron respiré hondo busque un lugar tranquilo para que mi cabeza dejara de pensar y trate de sentarme, debe haber sido muy cómico, mi accionar en realidad no pensé que alguien lo notara, vivimos en un mundo demasiado individual donde el vecino no existe y no fueron mas que unos minutos- trato de excusarse En es momento el tren comenzó a moverse y reanudo el viaje a media máquina, parecía que todo estaba en calma hasta que otra vez se detuvo, ahora debajo de la autopista entre dos estaciones y la cercanía de el ya no le fue suficiente, todo comenzó a irse, se quedo en blanco sin escuchar y apretando los ojos y los dientes, solo sentía que las gotas de transpiración caían de su frente El se dio cuenta y le dijo -dame tu mano y aflójate, que estoy a tu lado-, no tenía manera de resistirse se sentía muy mal Respira con tranquilidad y mantene el ritmo- le dijo el lo hizo y lentamente fue volviendo y el tren reanudo la marcha Todavía no se animaba a abrir los ojos, un poco por miedo y otro por vergüenza ; su mano todavía estaba en la de él, pasaron unos minutos y escucho: abrí la boca, con confianza no voy a hacerte nada , lo hizo y el colocó en su boca un trocito de chocolate,- dejalo que se disuelva lentamente, el chocolate es mágico y te va a hacer sentir bien, bueno así fue y el periplo continuó con ritmo lento, pero ya no le molestaba Lucia quería que durara mucho tiempo, pero todo llega a su fin, y el recorrido del tren también, se levanto y la ayudo a hacer lo mismo Salieron despacio, casi últimos, dándose cuenta que habían tenido gracias a la tormenta y sus inconvenientes una travesía extraordinaria, y no como siempre aburrida y agotadora Al llegar al hall de la estación se miraron, sabían que era una despedida, y que difícilmente se cruzaran otra vez, intercambiaron mails, pero ya sabían que ninguno escribiría; se miraron largo rato y ella lo abrazo y dijo en su oído "gracias, fue el mejor viaje de mi vida" y se perdió bajo la lluvia
PAULA DUNCAN
15/08/11
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