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Recién llegado a la ciudad; se instaló en el cuarto una pensión remozada, a la que ahora llaman coquetamente "Hostel", estuvo un rato mirando una película que ya había visto varias veces, y como sabía el final, salio a buscar la dirección que le habían dado, donde funcionaba una mesa de póker, su adicción por el juego lo había llevado a contraer muchas deudas y esa noche pensaba resarcirse y pagar algunas, salió a la calle, ya era muy tarde, casi de madrugada un buen horario para el juego, caminó varias cuadras y al llegar a una esquina se encontró con un pasaje; recordó por un momento ese mito urbano que dice que los pasajes de día eran lugares pintorescos con cafés y tiendas de antigüedades, ropa o decoración, que servían de atajo, entre una calle y otra, de noche cambiaban drásticamente su fisonomía y era peligroso perderse en uno de ellos ,eran algo así como misteriosos lugares perdidos en el espacio-tiempo, se sonrío y doblo por ahí para llegar a la otra esquina, el lugar era extraño, pero como no conocía bien la ciudad no le prestó atención.
Al llegar a mitad de cuadra, se encontró con una especie de bar, con los ventanales cubiertos de pesadas cortinas; se escuchaba una suave melodía y decidió entrar a tomar algo fuerte antes de apostar, miro el cartel de neon que parpadeaba y decía "la rosa negra" con un hermoso pimpollo de ese color
Al entrar se desubico un poco; escasa iluminación, lámparas de colores todas rojas y negras, le impedían ver bien a su alrededor, una gruesa alfombra hacía silenciosos los pasos; se acodó en la barra y pidió un whisky
Alguna parejas bastante extrañas de mediana edad, murmuraban conversaciones, otras ensayaban algunos pasos de baile en una pequeña pista, todos estaba vestidos de oscuro, a su lado un caballero terminaba su trago, lo miro de manera rara, penetrante y le pregunto, -¿Qué busca; mujeres o juego?-, el se asombró ante la pregunta tan directa, pero salió al paso enseguida, -de ser posible las dos cosas-, respondió, venga conmigo le dijo y se perdió detrás de un pesado cortinado color Bordeaux, lo siguió y entró en una sala completamente espejada, con raros espejos que no brillaban, ni devolvían imágenes; mesas preparadas para el juego, algunas ya ocupadas y una hermosa morocha vestida de rojo que se colgó de su brazo apenas lo vio, lo guío hasta una mesa que solo tenía un lugar vacío , como si lo estuvieran esperando, comenzaron las apuestas y en las tres primeras manos ganó, era un monto apreciable tanto que pensó, mientras aceptaba la copa que su ocasional compañera le ofrecía, -si ganó esta me voy con la morocha y mañana será otro día-.
Pero las vueltas del juego son extrañas y comenzó a perder, primero un poco y el se empecinaba en seguir para recuperar, y apostaba cada vez mas, hasta que en un lapso corto tiempo había perdido todo lo ganado y solo tenia un pequeño resto que no pensaba apostar, pues era un encargo hecho por su hijo que padecía una rara enfermedad, y debía comprarle una medicina difícil de conseguir
Se tomó otro trago y la transpiración caía en gruesas gotas sobre su frente hasta mojarle el cuello de la camisa, se levantó, fue al baño a refrescarse la cara, y entonces lo vio, estaba en el espejo del baño, el personaje que lo hizo entrar a jugar, le hablo diciéndole que el podía ayudarlo a ganar mucha plata pero debía apostar el dinero que tenia en el bolsillo; se rehusó diciendo que no era su dinero; pero este extraño y oscuro personaje le dijo convenciéndolo
- a tu hijo no le servirá de mucho un padre muerto, y aquí ya debes bastante-
Acordaron tres manos el que ganara dos se llevaba todo, pero si perdía, él no saldría vivo de ahí, o sea que en realidad estaba apostando por la vida de su hijo y la suya propia, pero no tenía salida, había tocado fondo
Comenzaron a jugar y después de un tiempo que le pareció interminable ganó la primera mano, la morocha había desaparecido y el tenía la garganta seca pero no podía levantarse, alguien se apiado y le alcanzo un gran vaso de agua; continuaron y en pocos minutos, perdió la segunda mano; sentía que el extraño personaje, sentado al frente de el, movía hilos invisibles y se encontraba completamente en sus manos; comenzó el juego final al poco rato ya iba en desventaja, pensó en su hijo, y se le nublo la vista; las lágrimas comenzaron a correr por su rostro; el amaba a su hijo y sabía que en ese momento tenía sobre la mesa su salud y su futuro, no le interesaba mucho el suyo pensaba que si el moría su familia se sacaba un peso de encima
El corazón le golpeaba en el pecho, ya casi no veía a su contrincante, el ruido del lugar se había convertido en un silencio tan sonoro que hacia daño a sus oídos, se dio cuenta de que con su vicio había perdido mucho mas que dinero y ya estaba derrotado internamente cuando debía dar vuelta las cartas pues su contrincante había bajado un póker de reyes, miro las suyas y se sentio perdido, su ultimo pensamiento fue para su hijo adorado, lo vio de niño, sano y fuerte corriendo a sus brazos cuando regresaba del trabajo, y él todavía no era presa del vicio, hasta pudo escuchar su risa infantil, suspiró y dio vuelta sus cartas derrumbándose literalmente sobre la mesa ...y no podía salir de su asombro volvió la música y ahora los espejos si reflejaban brillo e imágenes, miró otra vez sus cartas y vio que tenía un póker de ases, levantó la vista y el oscuro personaje había desaparecido; gran algarabía a su alrededor pero el solo quería salir de ahí, cobró su dinero y se marchó casi corriendo, al salir el aire fresco de la mañana pues ya había salido el sol, le pego en la cara, y una profunda inspiración le devolvió aire puro a sus pulmones, volvió a su cuarto y se durmió profundamente. Cuando despertó sintió la necesidad de volver a su casa y abrazar a los suyos, por curiosidad quiso volver de día al lugar misterioso pero no encontró mas que una callecita tradicional y un bar lleno de luz y espejos, que se llamaba "la rosa", y se fue rápido, a ver a su familia eso si la palabra apostar, la saco de su vocabulario y solo jugó ocasionalmente con sus amigos y por porotos
PAULA DUNCAN
07/09/11
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