Lucia Recorre el barrio donde transcurrió su infancia y adolescencia; su casa, ya no existe, hay un edificio de tres pisos. Tampoco están los aserraderos (de los que ella de pequeña vivía rodeada) hay lindas casas, aunque ya no hay chicos jugando a la pelota en la calle.
El barrio sigue tranquilo y apacible
De pronto al doblar en una esquina aparece la casa de su vecina de toda la vida¿ como se llamaba?
Por mucho que intento no consiguió recordarlo; pero si a ella, una mujer de edad incierta, podía tener cincuenta o setenta años daba igual; en los recuerdo de Lucia. Tenia hijos mayores y algunos nietos que muy de vez en cuando la visitaban pero cada vez estaba mas solitaria.
Cuidaba su jardín con esmero; cocinaba unos ricos bizcochuelos que perfumaban la vereda con olor a vainillas y chocolate que muchas veces al faltar sus nietos terminaban en las manos de Lucia y sus hermanos
Pero su jardín, su jardín era todo un misterio tenia muchas flores: conejitos rosados y amarillos, dalias (siempre despeinadas) color borravino, canastas hechas con el rosal trepador con manijas y todo y dentro de ellas; arvejillas de todos los colores; jazmines de varios tipos, muchas alegrías del hogar; Pero los protagonista principales de la obra era:
Una pareja de enanitos de cemento que en esa época se usaban mucho: el con sombrero y carretilla donde llevaba herramientas y tenia sembrado rayitos de sol multicolores, ella con grandes trenzas delantal y llevaba una regadera es su mano
Muy lindos pintados de brillantes colores
El misterio, era que cuando eventualmente la señora en cuestión no podía cuidar el jardín; Este jamás perdió su lozanía pero los enanitos aparecían como gastados su pintura opaca y hasta con algún magullon en su piel de cemento. Cuando la señora se recuperaba volvía al jardín y los “guardianes” recuperaban su lozanía y vovian a ser las pequeñas estatuas brillantes; en el barrio se comentaba que en las noches claras los enanitos caminaban por el jardín y conversaban con la dueña.
Hasta que un día……..nadie mas fue a visitarla y ella se entristeció tanto que apenas si cuidaba su jardín y dejo de hacer ricas tortas; casi no salía, hasta que no salio mas.
Por un tiempo el jardín se mantuvo lindo con el esfuerzo de los “guardianes”
Y un amanecer….el barrio se despertó intrigado el jardín amaneció marchito y moribundo y la parejita d enanos no estaba.
Los vecinos se asustaron mucho y como ella no respondió a sus llamados forzaron la puerta y entraron
Lo que vieron les heló la sangre; ella estaba muerta tranquila en su cama prolija y limpia entre puntillas casi parecía mas joven y a cada lado un integrante de la pareja de cemento gastados casi sin color y envejecidos
Los vecinos cerraron la puerta para avisar a la familia; cuando llegaron los hijos los enanos no estaban: solo había en el lugar dos montañitas de polvo de cemento
PAULA DUNCAN
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